La idea de centro

He subido corriendo al coche para poner un cd de Béla Fleck and the Flecktones que hacía tiempo que no escuchaba. La música tan vital de éste singular grupo me ha traído recuerdos muy agradables y, aprovechando que iba sólo, he subido el volumen para sentir con mayor intensidad sus vertiginosas melodías. Los altavoces proyectaban un sonido que parecía estar compuesto exclusivamente para mi goce, ya que la energía primaveral que emanaba de las canciones coincidía exactamente con mi alegre estado anímico.

He parado un segundo para ecualizar los agudos y los graves y poder escuchar con claridad unas frecuencias bajas que a veces, aunque se perciban, no se oyen. Luego he girado el balance para subir un poco el altavoz de la derecha, que está más lejos del asiento del conductor. También he subido el volumen de los altavoces traseros para que el sonido me llegara equilibradamente y ha sido entonces cuando, de repente, al haber ajustado con gran precisón su múltiple fuente de procedencia, he sentido que el sonido surgía inesperadamente del centro mismo de mi cerebro; como si la música naciera en el punto medio entre mis dos orejas. Ha sido absolutamente sorprendente.

Esta sensación inaudita, debida a que los cuatro altavoces habían sido ajustados en su punto justo de equilibrio, ha provocado que yo no supiera percibir de donde venía la música. El sonido no me venía de fuera sino directamente de dentro, o al menos no podía identificar donde se encontraban los altavoces. Eso ha despertado en mi interior una conciencia insólita y conmovedora. ¿La música emanaba de dentro mío? Imposible.

Hasta ese momento yo había estado abstraido, disfrutando las interpretaciones de unos músicos virtuosísimos, y el hecho de que el sonido se hallara allí, sin provenir de ningún lugar, me ha llevado a darme cuenta de que yo estaba allí. No había tenido conciencia de ello hasta sentir esa inusitada sensación, pues había estado inmerso en disfrutar la música. Así he captado mi propia presencia, y he tenido la percepción de que existía un centro entre los cuatro polos que daban origen al sonido. Pero el centro ha aparecido al nivelarse con precisión los cuatro extremos, no antes.

El centro se ha manifestado gracias al alineamiento preciso de cuatro puntos, y estos cuatro focos –la fuente de procedencia de lo que en el centro ha ocurrido- han desaparecido en el mismo instante en que se ha hecho presente el centro. En mi conciencia, el punto medio se ha sobrepuesto sobre los extremos, haciéndolos desaparecer ipso facto. ¿Tiene entonces el centro una naturaleza diferente a la del perímetro que le abraza? ¿Podrían tratarse, centro y periferia, de una sóla entidad que, sin embargo, se presenta de diferentes maneras? ¿Son la percepción del centro y de los límites dos aprehensiones que no pueden coexistir?

Cierto es que centro y periferia son dos agentes entre los que existe una correspondencia forzosa, motivada por el hecho que, por un lado, las puntas, al alinearse, han dado nacimiento al centro pero, a la vez, los extremos estaban de antemano determinados por el espacio central del que depende su alineación. Sin embargo, aparentemente, al experimentar uno de los agentes, del otro sólo nos queda la estela de su existencia.

Asumiendo esta idea, se me ha revelado asombroso aquello que antes me parecía incoherente: he hallado un elemento sin el cual nada alrededor mío podría encajar: yo. Los altavoces de mi coche estaba alineados, pero sólo respecto a mí. Todo encajó al alinear los ejes, pero solo para mi.

Ya me había dicho el profesor Manuel Rodríguez que no porque una idea sea cierta, son falsas otras con las que, aparentemente, se contradice. En efecto, cada verdad es relativa a su ámbito y cada mapa que se dibuja revela el punto del vista de su autor. De hecho, tan viva parece mantenerse la idea de centro en China, que el nombre del país en lengua china es 中国 Zhong guo, país del centro[1], aunque, de hecho, hace años que saben que no son el centro del mundo… ¡¿o sí?!

Unknown

[1] Fijaros en lo bonito que es el sinograma 中 zhong, centro: una caja atravesada por un eje. La caligrafía es de Uoyang Xun.

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