La alegría de Elisa

A Elisa no le venía la menstruación desde hacía seis meses. Al no haber cumplido todavía los 40 años, no podía considerarlo una menopausia y, aunque llevaba casi un año con el estado de ánimo bajo tras haberse quebrado una relación sentimental, vino a la consulta motivada y dispuesta a encontrar a una respuesta a la alteración que padecía.

Aparentemente, no se trataba de un trastorno orgánico. Si bien en el pasado había tenido quistes ováricos funcionales, su regresión había sido espontánea y no parecía que eso hubiera podido impedir la función menstrual. Por otro lado, parecía que el pesar de la separación se prolongaba más de lo debido, y eso se unía a una redundancia de preocupaciones, a una cierta alteración del sueño, a un importante trastorno digestivo y a una fuerte sensación de cansancio y de pesadez de piernas.

Inspeccioné los canales yin de las piernas, poniendo especial énfasis en el del jueyin, que es el único de los tres que alcanza la zona genital, y pude ver una cicatriz que surcaba en perpendicular el área de Ligou H5. Elisa me explicó que la tenía desde hacía cuatro años. Evidentemente, no puedo saber el alcance de una obstrucción provocada por dicho corte, pero consideré que esta afectación visible era un indicio más de oclusión, igual que el factor emocional y el desorden digestivo.

No valía la pena punturar este punto, pues la cicatriz anuda los tejidos a un nivel que con acupuntura no podría desanudar, pero sí que quería movilizar el jueyin, y por lo tanto, tuve que recurrir a otros puntos del canal. También puse agujas y moxa en ren mai para calentar la zona del bajo abdomen para activar la función menstrual. Hicimos siete sesiones de acu-moxa a razón de una visita por semana y a la séptima semana se presentó el periodo. Seguimos con el tratamiento acupuntural y al mes siguiente la menstruación se presentó nuevamente.

Ciertamente, Elisa se había sentido desamparada al encontrarse sin pareja a los 38 años, porque todavía no tenía hijos y los quería tener; pero gracias a su firme espíritu, poco a poco empezó a mostrarse abierta a nuevos escenarios y dispuesta a ver su realidad con otros ojos. Aunque el tratamiento podía ser algo incómoco, enseguida presintió que éste traería su recompensa y, en efecto, rejuveneció.

La moxa y la acupuntura fueron suficiente porque no había afectación orgánica ni del zang relacionado, el hígado. El trastorno se pudo enderezar porque reconocimos que hacía falta canalizar el qi trabado, y lo hicimos generando movimiento en los canales mencionados. Habíamos abierto un paso allí dónde durante un tiempo no lo había habido. A día de hoy, Elisa ha dejado atrás una preocupación que la afligía, se la ve más relajada y, sobre todo, transmite con naturalidad la alegria que ha recuperado.

 

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